Chimenea solar: un siglo después, el sueño de un ingeniero español ve la luz

Reino Unido retoma la idea de Isidoro Cabanyes y proyecta una torre inflable de 1 km de altura para producir energía

Hace más de un siglo, el coronel de artillería español Isidoro Cabanyes sentó las bases de un viejo sueño energético que hoy parece estar más cerca que nunca de convertirse en realidad.

Cabanyes ideó una chimeneaque, en lugar de desprender malos humos, generaba energía a partir del calor del sol.

Aunque la idea gozaba de unos planteamientos incontestables, las limitaciones de la época dieron al traste con todo atisbo de encender una bombilla.

El planteamiento ha sobrevivido estoicamente al paso del tiempo y acaba de ser retomado por ingenieros británicos de la Universidad de Londres a petición del mayor observatorio astronómico del mundo, ALMA, localizado en Atacama (Chile).

El equipo ultima el prototipo de una estructura inflable de un kilómetro de altura, 170 metros más alta que el mayor edificio del mundo, con el objetivo de poder obtener electricidad limpia de una manera económica, con un diseño que no requiere agua, en los lugares más remotos del mundo.

Puede generar energía de día y de noche, sin necesidad de agua
El mecanismo, que combina la tecnología solar térmica, eólica y geotérmica, se basa en el simple fenómeno de la convección (el aire caliente pesa menos y tiende a ascender).

La planta consta de una especie de invernadero donde durante el día se calienta el aire y asciende por una torre hueca central moviendo unas turbinas que se encuentran en su interior y generan energía.

Unas tuberías enterradas en el terreno sirven de almacenamiento térmico garantizando el funcionamiento las 24 horas del día, aun sin sol.

«El beneficio principal es el almacenamiento energético solar como calor en el suelo, usando materiales baratos como grava, betún o bolsas de agua salada, de forma que la planta puede continuar generando energía en días nublados y por las noches», señaló Patrick Cottam, investigador del Centro para la Sostenibilidad Urbana y la Resiliencia de la Universidad de Londres.

Sin embargo, para que sea económicamente viable, la torre debe superar el kilómetro de altura, lo que hasta ahora ha supuesto un auténtico reto no solo energético, sino más bien arquitectónico.

Sin materiales rígidos

Para solventar esta traba, la Universidad de Londres se ha puesto en manos del ingeniero aeronáutico sueco Per Lindstrand, quien ya mostró sus conocimientos tras cruzar el océano Pacífico en globo junto a Sir Richard Branson en 1991.

La gran novedad del planteamiento aportado por Lindstrand radica en un cambio en el material de la torre.

En lugar de emplear elementos firmes como hormigón, vidrio o metal creando una estructura rígida, el gran «pirulí» será inflable, fabricado mediante telas para evitar que la chimenea se oxide, se vea afectada por las inclemencias meteorológicas o la erosión del viento, como ha ocurrido en intentos anteriores.

Además, la elección de textil supondrá un gran abaratamiento del proyecto, ya que la chimenea costará unos 14 millones de euros, comparado con los 550 millones que costaría una estructura de cemento de la misma altura.

Las torres solares son una buena alternativa a la generación de electricidad con paneles fotovoltaicos en áreas remotas con actividad sísmica donde el mantenimiento de las placas puede ser algo complicado.

Por ejemplo, en zonas desérticas donde la arena es muy fina los paneles se obstruyen rápidamente y hay que llevar a cabo un gran trabajo de limpieza en un lugar que no tiene agua», expuso el experto en globos, Lindstrand, en declaraciones a la revista «Engineer».

Pero la estructura hinchable también presenta el gran desafío de elegir un material suficientemente flexible y a la vez perdurable para que pueda soportar la radiación ultravioleta del sol y el impacto mecánico del viento y de los materiales de construcción. Los ingenieros creen que los materiales existentes pueden conseguir dichas características con un tratamiento especial.

Un intento en Ciudad Real

Esta no es la primera vez que se ha tratado de dar salida comercial a la idea de Cabanyes. En 1982 se levantó en Manzanares (Ciudad Real) una torre solar de 195 metros de altura y diez de diámetro con financiación e ingeniería alemanas.

El calor acumulado durante el día bajo la cámara, mantenía caliente el aire durante la noche, permitiendo que la turbina funcionase durante todo el día. Los investigadores se sorprendieron también al observar que la condensación hacía posible que floreciesen plantas en la tierra seca de aquel lugar.

Funcionó sin problemas hasta 1989, logrando generar una producción máxima de 50 kilovatios, año en que el experimento tuvo que ser abortado por los daños causados por una tormenta en los tensores que sostenían la torre.

ABC

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